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La información que genera la sociedad, circula por canales dirigidos hacia una gran colectividad, hacia una masa viva que recoge el testigo de ese mensaje. El fundamento de esa información diverge entre caminos cargados de intención. El problema surge muchas veces cuando esta propia información queda suspendida o perdida en una especie de limbo, en el que el binomio mensaje-intención desaparece. Lo increíble es que en una sociedad como la nuestra, poblada de medios tecnológicos para distribuir el conocimiento y la gran posibilidad de acceder a él con relativa facilidad y sencillez, no funcionan como verdadero elemento educativo. La asimilación de la información queda distanciada y el aprendizaje interiorizado se convierte en elemento secundario, sufriendo las consecuencias de ese vacío el individuo en su desarrollo personal. Con ello los riesgos en muchos aspectos de la vida se multiplican y se supedita las propias vivencias al continuo error que surge del desconocimiento.
Buscar la herramienta que construya un pensamiento eficaz, reflexivo y vivencial es una tarea cercana y tan directa, que sus efectos en el ser humano, provocan una reacción inmediata. Indudablemente, esa herramienta posee la sabiduría de la que se ha impregnado el hombre desde que comenzó a comunicarse; La escenificación en el abrazo amplio del teatro. El soporte pedagógico del mensaje, del hecho, del pensamiento, despierta la conciencia del que escucha. La unión educación-teatro se fortalece a la vez que se nutren de la reacción interna del espectador. El espectador aprende, reflexiona, a partir del lenguaje directo del actor que transmite. La energía de la escena, es la pedagogía de la presencia que se muestra con intención educativa. Los signos utilizados, palabra, música, gesto, luz, color, reeducan la sensibilidad dormida y propone con elegancia invisible, la movilidad de inquietudes vitales que conducen a la liberación del espectador. Se funde entonces en una correspondencia tutorizada por el teatro y una respuesta de tutorización del espectador con su propia vida.